





























Hadeeth Cards
Da'wa cards that highlight great meanings from the noble prophetic hadiths in a simple style and attractive display that helps the Muslim to have a deeper understanding of his religion in an easy way
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Narró Ibn Abbas, que Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- pasó delante de él un burro que había sido marcado en un hierro en la cara, y dijo al respecto: “Al-lah maldice quien lo haya marcado”. En otro relato de Muslim, el Mensajero de Al-lah prohíbe también “que se golpee la cara o que se marque con el hierro”.
Registrado por MuslimEn este hadiz encontramos una prohibición absoluta y una grave maldición para quien marque los animales en la cara o les golpee en esa zona. Los doctos ulemas, Al-lah les cubra con su misericordia, lo califican como un gran pecado. Su justificación la encuentran en el hecho de que la cara es la parte visible, en la que se reúne toda la belleza, siendo sus partes sensibles y débiles. Por ello, si se golpea se puede afear la imagen del ser ya que es su parte más visible y la más sensible a cualquier golpe.
De Aisha, Al-lah esté complacido de ella, que el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si Al-lah quiere el bien para el emir (la autoridad), le pondrá un consejero veraz y fiel a su lado. Pues, si se le olvida algo de bien, se lo recuerda; y si se lo recuerda, le ayuda. Sin embargo, si quiere el mal para él, le pondrá un mal consejero. Pues, si olvida alguna de sus obligaciones, no se la recuerda; y si recuerda sus obligaciones, no le ayuda a realizarlas”.
Registrado por Abu-DawudEl Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, informa que: “Si Al-lah quiere un bien para el emir (la autoridad pertinente)”: Este bien se ha dicho que es en esta vida y en la Otra para quien posee un consejero veraz y fiel a su lado. Asimismo, se ha dicho que puede referirse al bien del Paraíso. Cuando dice: “le pondrá un consejero veraz y fiel a su lado” se refiere a sus hechos y dichos, lo oculto y lo aparente, además de la veracidad, puesto que es la base de toda relación, sea de amistad o de cualquier otro tipo. Así, “si se le olvida de algo”, esto es, si el gobernante o emir olvida algo, siendo que el olvido es natural en toda persona, o incumple una norma islámica, comete una injusticia, o se olvida de los asuntos de sus súbditos, “se lo recuerda”, esto es, el consejeros honesto es quien se lo recuerda. “Si se lo recuerda, le ayuda” a hacerlos, bien de acto o de palabra. “Sin embargo, si quiere el mal para él”, si bien no viene citada la palabra “mal”, se sobre entiende. Además, lo indica con el demostrativo de lejanía “eso”. Si quiere el mal para él, “le pondrá un mal consejero”, esto es, un consejero que por sus hechos o dichos sea malo, en oposición al consejero bueno que se cita al inicio del hadiz. “Pues, si olvida de alguna de sus obligaciones”, por ejemplo dejó de hacer algo de sus obligaciones como autoridad, el mal consejero “no se lo recuerda”, puesto que no posee la luz suficiente en su corazón que le impida hacerlo. “Y si recuerda sus obligaciones, no le ayuda a realizarlas”, sino más bien le ayuda a abandonarlas, debido a su mala personalidad y pésimo carácter.
Abu Said Al-Judrí y Abu Huraira -Al-lah esté complacido con ambos- narraron que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “Todo Profeta enviado por Al-lah y todo sucesor designado por Él, tendrá dos amistades íntimas: una que le ordena obrar el bien y les anima al mismo y otra que les ordena hacer el mal y les anima al mismo. Solo está protegido del mal aquél a quien Al-lah haya protegido”.
Registrado por Al-BujariEl Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- informó que todo Profeta enviado por Al-lah y todo sucesor designado por Él, tendrá dos amistades íntimas: una que le ordena obrar el bien y les anima a ello y otra que les ordena hacer el mal y les anima ello. Solo está protegido del mal aquél a quien Al-lah Todopoderoso haya protegido.
Narró Shaqiq Ibn Sálamata -Al-lah lo cubra con su misericordia-: “Ibn Masud -Al-lah esté complacido con él- solía recordarnos cada jueves nuestras obligaciones [es decir las leyes de la Sharía]. Y un hombre le dijo: ‘¡Oh Abu Abdurrahmán! Me gustaría que nos las recordases cada día’. Ibn Masud le dijo: ‘Lo único que me impide hacerlo es temo aburrirles. Y ciertamente yo me comprometo a aconsejarles por medio de la exhortación como solía hacernos el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- temiendo aburrirlos’”.
Registrado por Al-Bujari y MuslimShaqiq Ibn Sálamata informó que Ibn Masud -Al-lah esté complacido con él- solía aconsejarlos cada jueves y recordarles sus obligaciones religiosas. Y un hombre le dijo: quisiéramos que nos las recordases cada día. A esto Ibn Masud le respondió que lo único que le impide hacerlo es que teme aburrirles. Le añadió: y ciertamente yo me comprometo a aconsejarles por medio de la exhortación y a saber cuánto consejo necesitan, tal y como solía hacer con nosotros el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- que temía aburrirlos, dado que con el aburrimiento no hay exhortación ni consejo que valga.
De Suhaib, que Al-lah esté complacido con él; el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Hubo una vez un rey que tenía con él a un mago y éste, al llegar a una edad avanzada, le dijo al rey: ‘Me he hecho ya viejo, envíame pues a un joven que le enseñe la magia. ’ Así que le envió un muchacho para que le enseñara. En el camino que tenía que seguir el joven había un monje cristiano con el que se sentó para escucharle, quedándose maravillado por sus palabras. De manera que siempre que pasaba en dirección a la casa del mago se sentaba con él, hasta que fue golpeado por el mago, debido a su continua tardanza y entonces se quejó al monje, que le dijo: ‘Cuando temas al mago le dices: me ha impedido llegar a tiempo mi padre o mi madre; y cuando temas a tu padre o a tu madre le dices: me ha impedido llegar a tiempo el mago. ’ Y mientras él estaba en este dilema acertó a pasar por donde había una bestia enorme que tenía acorralada a una gente. Y dijo: ‘Hoy voy a saber quién de los dos tiene razón, si el mago o el monje. ’ Entonces cogió una piedra y dijo: ‘¡Oh Al-lah, si la práctica de este monje es más querida por ti que la del mago, mata a esta bestia de forma que la gente pueda ir en paz!’ Así pues, arrojó la piedra y mató a la bestia y la gente marchó tranquilamente. Después fue al monje y le informó de lo sucedido. Y el monje le dijo a continuación: ‘¡Hijo mío, tú, por lo que veo, hoy has alcanzado un grado más que yo. Serás puesto a prueba y si esto sucede, no le digas a nadie que fui yo quien te enseñó. ’ Pasó un tiempo y el joven curaba a los ciegos de nacimiento y sanaba a los leprosos y a gente con otras enfermedades. Se enteró de esto un consejero del rey que se había quedado ciego y vino a él con gran cantidad de regalos y le dijo: ‘¡Todo esto para ti si me curas!’ Y él le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, el que cura es Al-lah, Altísimo sea. Si crees en Al-lah, yo le pido por ti y Él te curará. ’ Entonces creyó y Al-lah, Altísimo sea, lo curó. Después acudió a reunirse con el rey, como solía hacer y éste le preguntó: ‘¿Quién te ha devuelto la vista?’ Dijo: ‘Mi Señor. ’ Y el rey le preguntó: ‘¿Acaso tienes otro señor que no sea yo?’ Dijo: ‘Mi Señor y tu Señor es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces el rey lo cogió y no cesó de castigarle hasta que le indicó cómo encontrar al joven que le había curado la vista. Así pues, fue llevado el muchacho ante él y le dijo: ‘Hijo mío, tu magia ha alcanzado tal punto que curas sin cesar a los ciegos, a los leprosos y a muchos otros. ’ Y le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, quien verdaderamente cura es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces lo cogió y empezó a castigarle sin parar hasta que le dio noticias del monje. Se lo trajeron y le ordenó: ‘¡Reniega de tu Din!’. Y como se negaba, mandó que trajeran la sierra, se la colocaron en la raya de separación del pelo de la cabeza y le separaron el cuerpo en dos mitades. Después mandó llamar al consejero y le ordenó que renegara de su fe. Pero como se opuso le hicieron lo mismo que al monje. Después le trajeron al joven y le dijo que renegara de su creencia, pero como se negó, lo llevó con algunos de los suyos y les dijo: ‘Llevadlo hasta la cima de la montaña tal y si no reniega de su fe, arrojadlo al abismo. ’ Y cuando estaban en lo alto de la cima, dijo: ‘¡Oh Al-lah, si Tú quieres, líbrame de ellos por el método que desees!’ Entonces tembló la montaña con ellos y se cayeron. Y él fue caminando hasta el rey, que le preguntó: ‘¿Qué han hecho tus compañeros?’ Y dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. ’ Entonces lo mandó con otros a los que dijo: ‘Llevadlo en barco hasta alta mar y decidle que reniegue de su Din y si no, arrojadlo por la borda. ’ Y cuando llegaron dijo el joven: ‘¡Oh Al-lah, si quieres, líbrame de ellos por el método que desees. ’ Entonces, al momento volcó el barco con ellos y se ahogaron. Y él se fue andando hasta el rey que le dijo: ‘¿Qué ha sido de tus compañeros?’ Y le dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. Y tú realmente no podrás matarme mientras no hagas lo que yo te ordene. ’ Dijo el rey: ‘¿Y qué es?’ Dijo: ‘Reúne a toda la gente en un mismo lugar y átame en cruz al tronco de un árbol. Después, coge una flecha de mi canana y poniéndola en el centro del arco, di: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’ y me disparas. Y si lo haces así me matarás. ’ Así que reunió a la gente e hizo todo conforme le había dicho el joven y cuando iba a disparar dijo: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’; luego disparó y la flecha fue a dar en la sien del joven y murió. Y entonces dijeron todos: ‘Creemos en el Señor del muchacho (Al-lah). ’ Después le dijeron al rey: ‘Has visto aquello que temías que ocurriera, es decir, que la gente creyera. Pues bien, ha sucedido. Al-lah te ha hecho ver el motivo y te ha advertido. Pues toda la gente ha creído. ’ Entonces ordenó el rey hacer zanjas en las entradas de los caminos y al tiempo que fueron cavadas, prendieron fuego en ellas y dijo: ‘¡A quien no reniegue de su Din, arrojadlo al fuego o decidle ‘arrójate’!’ Y así lo hicieron hasta que llegó una mujer con un niño que se detuvo y se acobardó. Y le dijo el pequeño*: ‘¡Madre ten paciencia, que realmente tú estás en la verdad!’. ” Lo relató Muslim
Registrado por MuslimEn esta narración se encuentra una historia sorprendente: Hubo una vez un rey que tenía con él a un mago que fue usado como consejero que lo use en a su beneficio sin importar las leyes de la religión, debido a que este rey es injusto y corrupto, y éste, al llegar a una edad avanzada, le dijo al rey: ‘Me he hecho ya viejo, envíame pues a un joven que le enseñe la magia, escogió un muchacho porque es fácil enseñarle. Pero Al-lah ha querido para este muchacho otro asunto que la magia’. En el camino que tenía que seguir el joven había un rabino (sabio y adorador a Al-lah) con el que se sentó para escucharle, quedándose maravillado por sus palabras. De manera que siempre que pasaba en dirección a la casa del mago se sentaba con él, hasta que fue golpeado por el mago, debido a su continua tardanza y entonces se quejó al monje, que le dijo: ‘Cuando temas al mago le dices: me ha impedido llegar a tiempo mi padre o mi madre; y cuando temas a tu padre o a tu madre le dices: me ha impedido llegar a tiempo el mago, le dijo esto a pesar de que era mentira porque el rabino encontro que el beneficio en este caso más que el perjuicio causado por la mentira. ’ Y mientras él estaba en este dilema acertó a pasar por donde había una bestia enorme (un leon) que tenía acorralada a una gente. Y dijo: ‘Hoy voy a saber quién de los dos tiene razón, si el mago o el monje. ’ Entonces cogió una piedra y dijo: ‘¡Oh Al-lah, si la práctica de este monje es más querida por ti que la del mago, mata a esta bestia de forma que la gente pueda ir en paz!’ Así pues, arrojó la piedra y mató a la bestia y la gente marchó tranquilamente. Después fue al monje y le informó de lo sucedido. Y el monje le dijo a continuación: ‘¡Hijo mío, tú, por lo que veo, hoy has alcanzado un grado más que yo. Serás puesto a prueba y si esto sucede, no le digas a nadie que fui yo quien te enseñó. ’ Pasó un tiempo y el joven curaba a los ciegos de nacimiento y sanaba a los leprosos y a gente con otras enfermedades. Se enteró de esto un consejero del rey que se había quedado ciego y vino a él con gran cantidad de regalos y le dijo: ‘¡Todo esto para ti si me curas!’ Y él le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, el que cura es Al-lah, Altísimo sea. Si crees en Al-lah, yo le pido por ti y Él te curará. ’ Entonces creyó y Al-lah, Altísimo sea, lo curó. Después acudió a reunirse con el rey, como solía hacer y éste le preguntó: ‘¿Quién te ha devuelto la vista?’ Dijo: ‘Mi Señor. ’ Y el rey le preguntó: ‘¿Acaso tienes otro señor que no sea yo?’ Dijo: ‘Mi Señor y tu Señor es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces el rey lo cogió y no cesó de castigarle hasta que le indicó cómo encontrar al joven que le había curado la vista. Así pues, fue llevado el muchacho ante él y le dijo: ‘Hijo mío, tu magia ha alcanzado tal punto que curas sin cesar a los ciegos, a los leprosos y a muchos otros. ’ Y le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, quien verdaderamente cura es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces lo cogió y empezó a castigarle sin parar hasta que le dio noticias del monje. Se lo trajeron y le ordenó: ‘¡Reniega de tu Din!’. Y como se negaba, mandó que trajeran la sierra, se la colocaron en la raya de separación del pelo de la cabeza y le separaron el cuerpo en dos mitades. Después mandó llamar al consejero y le ordenó que renegara de su fe. Pero como se opuso le hicieron lo mismo que al monje. Después le trajeron al joven y le dijo que renegara de su creencia, pero como se negó, lo llevó con algunos de los suyos y les dijo: ‘Llevadlo hasta la cima de la montaña tal y si no reniega de su fe, arrojadlo al abismo. ’ Y cuando estaban en lo alto de la cima, dijo: ‘¡Oh Al-lah, si Tú quieres, líbrame de ellos por el método que desees!’ Entonces tembló la montaña con ellos y se cayeron. Y él fue caminando hasta el rey, que le preguntó: ‘¿Qué han hecho tus compañeros?’ Y dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. ’ Entonces lo mandó con otros a los que dijo: ‘Llevadlo en barco hasta alta mar y decidle que reniegue de su Din y si no, arrojadlo por la borda. ’ Y cuando llegaron dijo el joven: ‘¡Oh Al-lah, si quieres, líbrame de ellos por el método que desees. ’ Entonces, al momento volcó el barco con ellos y se ahogaron. Y él se fue andando hasta el rey que le dijo: ‘¿Qué ha sido de tus compañeros?’ Y le dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. Y tú realmente no podrás matarme mientras no hagas lo que yo te ordene. ’ Dijo el rey: ‘¿Y qué es?’ Dijo: ‘Reúne a toda la gente en un mismo lugar y átame en cruz al tronco de un árbol. Después, coge una flecha de mi canana y poniéndola en el centro del arco, di: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’ y me disparas. Y si lo haces así me matarás. ’ Así que reunió a la gente e hizo todo conforme le había dicho el joven y cuando iba a disparar dijo: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’; luego disparó y la flecha fue a dar en la sien del joven y murió. Y entonces dijeron todos: ‘Creemos en el Señor del muchacho (Al-lah). ’ Después le dijeron al rey: ‘Has visto aquello que temías que ocurriera, es decir, que la gente creyera. Pues bien, ha sucedido. Al-lah te ha hecho ver el motivo y te ha advertido. Pues toda la gente ha creído. ’ Entonces ordenó el rey hacer zanjas en las entradas de los caminos y al tiempo que fueron cavadas, prendieron fuego en ellas y dijo: ‘¡A quien no reniegue de su Din, arrojadlo al fuego o decidle ‘arrójate’!’ Y así lo hicieron hasta que llegó una mujer con un niño que se detuvo y se acobardó. Y le dijo el pequeño*: ‘¡Madre ten paciencia, que realmente tú estás en la verdad!’.
Narró Abu Dhar -Al-lah esté complacido con él-: “El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “¡Oh, Abu Dhar! Ciertamente, te veo débil. Y quiero para ti lo que quiero para mí, así que no te responsabilices ni siquiera por dos personas, ni tampoco seas depositario de la riqueza de un huérfano”.
Registrado por MuslimAbu Dhar -Al-lah esté complacido con él- narró que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- le dijo: “Ciertamente, te veo débil. Y quiero para ti lo que quiero para mí, así que no te responsabilices ni siquiera sobre dos personas, ni tampoco seas depositario de la riqueza de un huérfano”. Son cuatro frases que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- explicó a Abu Dhar. La primera: “Ciertamente, te veo débil” esta descripción de la realidad tiene el sentido de aconsejar, por lo que no hay ningún mal en que una persona le diga a otra que tiene tal o cual defecto, siempre y cuando lo haga en forma de consejo constructivo, y no lo haga a manera de insulto o menosprecio. La segunda frase: “Y quiero para ti lo mismo que quiero para mí” esto es señal de la buena conducta del Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dado que la primera frase puede molestar a Abu Dhar. Esto quiere decir, te he dicho lo anterior solamente porque deseo para ti lo mismo que deseo para mí. La tercera frase: “No te responsabilices ni siquiera por dos personas” esto significa que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- le prohibió desempeñar un puesto de mando, porque es una persona débil y el poder requiere de una persona fuerte, honesta, y de palabra firme: que cuando diga algo lo haga; no debe ser débil ante los demás, puesto que si la gente lo ve débil, pierde toda su autoridad sobre ellos, de modo que los necios se sobrepasan con él. En cambio, si es fuerte y no excede los límites de Al-lah, Enaltecido y Majestuoso sea, y no es injusto en el poder que Al-lah le ha otorgado, en este caso puede desempeñar un puesto de mando. La cuarta frase: “Ni tampoco seas depositario de la riqueza de un huérfano”, siendo el huérfano todo aquel cuyo padre ha fallecido antes de alcanzar la pubertad. Así, el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- le prohibió encargarse de las riquezas de los huérfanos, puesto que estas propiedades requieren de mucha atención y Abu Dhar es un hombre débil incapaz de cuidar dichas riquezas como es debido. Esto no es ningún menosprecio para Abu Dhar, puesto que era una persona que ordenaba el bien y prohibía el malo, así como llevaba una vida austera. Sino que era una persona débil en un aspecto determinado, a saber: el cuidado de las riquezas de los huérfanos y el desempeño de los puestos de mando.
De Abu Dhar, Al-lah esté complacido don él, que dijo: “Dije: ‘¡Mensajero de Al-lah! ¿Por qué no me haces gobernador de una provincia?’ Me golpeó el hombro con su mano y después dijo: ‘¡Abu Dhar! Tú eres débil. Y el gobernar es una carga de responsabilidad, que el Día del Juicio será motivo de ignominia y lamento, excepto para quien haya gobernado con justicia y haya cumplido con todas sus obligaciones”.
Registrado por MuslimAbu Dhar, Al-lah esté complacido don él, dice que el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le dio un consejo en lo respecta al cargo de autoridad y gobierno cuando Abu Dhar, Al-lah esté complacido don él, le pidió al Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, que le otorgara el puesto de gobernador de alguna de las regiones. El Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le dijo: “Tú eres débil”. Se trata de una frase que puede herir la sensibilidad, pero la responsabilidad exige decir las cosas con una claridad objetiva. Si es una persona fuerte, se debe decir y, si es débil, también se debe decir. En esto encontramos pues la prueba de que la fortaleza y la integridad personales son una condición indispensable para el ejercicio del poder, ya que el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Y el gobernar es una carga de responsabilidad”. Por lo tanto, si tuviera fortaleza e integridad personales, sí sería apto para gobernar. Si es fuerte pero no tiene integridad personal, íntegro pero débil o carece de integridad personal, no debería desempeñar el cargo de gobernador. Se le otorga el poder al fuerte porque es más útil para la gente, pues necesitan de una autoridad sólida y fuerte. Si esa fortaleza está ausente, en especial si el gobernador es de fe religiosa débil, los asuntos de la comunidad se verán abocados a la perdición. De este modo, el presente hadiz es en sí una prueba poderosa para evitar el desempeño de la autoridad, especialmente para aquellas personas que tengan alguna debilidad que le impida cumplir con las obligaciones del cargo de autoridad. En cuanto a la ignominia y lamento que dice el hadiz: “el Día del Juicio será motivo de ignominia y lamento”, se refiere a quien no está capacitado para desempeñar esa autoridad, o era capaz pero no aplicó la justicia. En este caso, Al-lah Todopoderoso lo humillará el Día del Juicio, aireará sus vergüenzas y le hará lamentar su dejadez. Sin embargo, quien está capacitado para ejercer ese puesto de mando y es justo en su desempeño, no se le aplica esa condena el Día del Juicio. Por ello, nuestro noble Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz, hizo una excepción, al decir: “excepto para quien haya gobernado con justicia y haya cumplido con todas sus obligaciones”. Esto indica que quien cumpla con las obligaciones tendrá una recompensa grandiosa como viene indicado en numerosos hadices verídicos, como el de “siete personas serán resguardadas por la sombra de Al-lah el Día del Juicio, y mención de ellos el gobernante justo” o el de “los justos estarán sobre altares radiantes en el Día del Juicio”, etc.
De Uqba Ibn Al Hariz, Al-lah esté complacido con él, que dijo: “Hice la oración de la tarde detrás del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en Medina y cuando concluyó con el saludo, se levantó rápidamente, cruzando por entre las filas de los orantes, con el fin de ir a la casa de alguna de sus esposas. La gente se asustó al ver que salió con tanta prisa. Al ver que se habían asustado de sus prisas, les dijo: ‘Recordé que teníamos algo de oro puro para repartir y temí que me desconcentrara el estar pensando en ello, así que me apresuré a repartirlo enseguida’”. En otro relato, que dijo: “Había dejado en casa algo de oro puro para repartir como caridad y temí que me alcanzara la noche sin haberlo repartido”.
Registrado por Al-BujariUqba Ibn Al Hariz, Al-lah esté complacido con él, que dijo que hizo un día la oración de la tarde detrás del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y cuando concluyó, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se levantó rápidamente y se marchó. En su camino pasó por encima de los orantes que rezaban detrás de él. Se dirigía a la casa de una de sus esposas. La gente se asustó al ver que salió con tanta prisa. Luego, él salió y, al ver que se habían asustado de sus prisas, les explicó el motivo de su premura. Les dijo que había recordado que tenía algo de oro puro para repartir como azaque, y temió que le desconcentrara el estar pensando en ello y que no le permitiera adorar a Al-lah, Ensalzado sea, con total entrega.
De Abu Musa Al Ashari, Al-lah esté complacido con él, que dijo: “Entré a ver al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, junto con dos primos míos por parte de padre, y uno de ellos dijo: ‘¡Mensajero de Al-lah, empléame como gobernante de alguno de los territorios que Al-lah, Ensalzado y Majestuoso sea, te ha facilitado’. El otro dijo lo mismo. El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, les respondió: '¡Por Al-lah! Que no concedo este cargo a quien lo pida ni a quien persiga ostentarlo’”.
Registrado por Al-Bujari y MuslimEste hadiz versa sobre la prohibición de otorgar el cargo de autoridad a quien lo haya solicitado o persiga ostentarlo. Puesto que, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, cuando los dos hombres le pidieron que les otorgara un cargo de autoridad sobre alguno de los territorios que Al-lah, Ensalzado y Majestuoso sea, le ha facilitado, les dijo: “¡Por Al-lah! Que no concedo este cargo a quien lo pida ni a quien persiga ostentarlo”. Esto es debido a que la persona que persigue el poder o lo pide su objetivo puede que sea obtener su propio interés en lugar de arreglar los asuntos de sus ciudadanos. Dado que pesa sobre ellos esta sospecha, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, prohibió que se le otorgara el poder a quien pida ostentarlo. Dijo: “¡Por Al-lah! Que no concedo este cargo a quien lo pida ni a quien persiga ostentarlo”. El contenido de este hadiz ha sido reafirmado por Abdurrahman Ibn Samurata, Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, dijo: “No pidas el cargo de autoridad o gobernante, ya que si se te otorga sin haberlo solicitado se te ayudará a cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, si se te otorga después de haberlo pedido, se te encargará de ella”. Por lo tanto, ninguna autoridad debe, si se lo pide alguien, darle el poder sobre una región o porción de tierra con zonas de pastoreo o similar, por muy capaz que esta persona sea para desempeñar ese cargo. Lo mismo ocurre con el cargo de juez, como por ejemplo que una persona le pida al ministro de justicia que la designe como juez en una región determinada. En este caso, no debería darle ese puesto. No entran en el ámbito de este hadiz las peticiones de traslado de un lugar a otro para desempeñar las mismas funciones o similar, a excepción de que sepamos que la intención del demandante de traslado es ejercer el poder sobre las gentes de una región determinada. En este caso, se lo debemos impedir, puesto que las obras son en función de las intenciones con las que se hacen. Si alguien pregunta: ¿qué me dices de la petición de José, sobre el sean las bendiciones y la paz de Al-lah, cuando dijo “respondió: “¡Ponme al cargo de los graneros del país; en verdad, yo sé cómo administrarlos prudentemente!”. Le podemos responder de dos modos. El primero: si la ley de los pueblos que nos precedieron contradicen nuestra ley, la prioridad es para nuestra ley, en virtud de la norma común entre los estudiosos de los fundamentos del derecho islámico: “la ley de los pueblos que nos precedieron es nuestra ley siempre que la nuestra no la contradiga”. Nuestro derecho ha contradicho esa referencia a José con “No concedemos el cargo de autoridad a quien lo pida”. El segundo: se le puede decir que José, sobre el sean las bendiciones y la paz de Al-lah, vio que los bienes se estaban malgastando, así que quiso rescatar a su pueblo de este derroche. Como esto, puede ser todo aquel que quiere acabar con la mala gestión. En este caso, no hay mal en que ostente ese cargo que ha solicitado. Por ejemplo, si vemos que la autoridad de una región determinada está desperdiciando sus recursos y corrompiendo el sistemas, lo que se debe hacer en ese caso, siempre que no haya otra persona más apta, es pedir desempeñar esa autoridad diciéndole a la autoridad pertinente: “Desígname como autoridad de esta región para acabar con el mal que le afecta”. Este comportamiento sería el adecuado y es acorde a las normas. El hadiz de Uzman Ibn Abu Al-As que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, dijo: “Desígname imam entre mi gente”, esto es, como guía de la oración. Le dijo: “Eres su imam pues”. Algunos ulemas dicen que este hadiz indica que está permitido pedir el cargo de imam, porque sería para hacer bien. Esto mismo lo encontramos en las súplicas que imploran los siervos del Misericordioso, aquellos a los que Al-lah, Alabado sea, dijo que imploraban: “Haznos los imames de aquellos temeroso de Ti”. Esto no es equiparable a la petición de mando político, que es en sí un acto abominable, puesto que se trata del liderazgo en el mundo terrenal, un mundo del que no se debe ayudar a quien lo busca ni es merecedor de que se le otorgue.