





























Hadeeth Cards
Da'wa cards that highlight great meanings from the noble prophetic hadiths in a simple style and attractive display that helps the Muslim to have a deeper understanding of his religion in an easy way
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De Abu Saíd Al Judrí, Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah, que Él le bendiga y le dé paz, dijo: “Hubo un hombre de las gentes que os precedieron que mató a 99 personas y preguntó por el más sabio de la tierra. Le indicaron un monje. Fue a verlo y le preguntó que si habiendo matado a 99 personas se le aceptaría su arrepentimiento (tawba). El monje le respondió: 'No'. Entonces lo mató a él también, completando así los cien. Después, volvió a preguntar por el más sabio de la tierra. Le indicaron a un gran sabio al que preguntó que si habiendo matado a cien personas se le aceptaría su tawba. Le respondió: ‘¡Sí! ¿Y quién se puede interponer entre tú y tu arrepentimiento? Debes partir hacia una tierra en la que encontrarás a unas gentes que adoran a Al-lah, Ensalzado sea. Deberás adorar a Al-lah con ellos y no regreses a tu tierra, que es tierra de maldad’. Marchó y, cuando hubo recorrido la mitad del camino, le sobrevino la muerte. Entonces, los ángeles de la misericordia y los ángeles del castigo litigaron al respecto de qué hacer con él. Los primeros dijeron: ‘¡Venía arrepentido y con el corazón lleno de arrepentimiento hacia Al-lah, Ensalzado sea!’ Dijeron los segundos: '¡En verdad nunca hizo el bien!’ Entonces se sumó a ellos un ángel con apariencia humana. Lo nombraron juez entre ellos. Éste les dijo: ‘Medid las dos distancias (la que ha recorrido y la que le queda por recorrer) y el punto del que más cerca estuviere al morir será su veredicto’. Midieron pues las dos distancias, y lo hallaron más cerca de la tierra que tenía por destino. Así que los ángeles de la misericordia tomaron su alma”. En otro relato recogido en la recopilación de hadices verídicos (Sahih): "Se encontraba más cerca de la aldea buena por un palmo, así que lo hicieron de su gente”. En otro relato recogido en la recopilación de hadices verídicos (Sahih): "Al-lah, El Altísimo, le reveló a esta distancia que se alejara y a aquella que se aproximara. Luego dijo: 'Medid la distancia que hay entre los dos puntos'. Encontraron que estaba más cerca de la tierra del bien por un palmo, así que se le perdonaron sus pecados". En otro relato: "se acercó impulsando su pecho hacia la tierra del bien".
Registrado por Al-Bujari y MuslimEl Mensajero de Al-lah, que Él le bendiga y le dé paz, dijo: “Hubo un hombre de las gentes que os precedieron que mató a 99 personas y preguntó por el más sabio de la tierra. Le indicaron un hombre beato y entregado a la adoración, pero careceía de saber. Le preguntó que si habiendo matado a 99 personas se le aceptaría su arrepentimiento (tawba). Al monje le pareció tan grave este pecado que le respondió: "No se aceptrá tu arrepentimiento". El hombre se enojó tanto por la respuesta del monje que decidió matarlo, completando así los cien. Después, volvió a preguntar por el más sabio de la tierra. Le indicaron a un gran sabio al que preguntó que si habiendo matado a cien personas se le aceptaría su tawba. Le respondió: "¡Sí! ¿Y quién se puede interponer entre tú y tu arrepentimiento? Las puertas de la tawba están siempre abiertas. No obstante, debes partir hacia tal aldea en la que encontrarás a unas gentes que adoran a Al-lah. Puede que la tierra en la que se encontraba fuera una tierra de maldad, y Al-lah lo sabe mejor. El sabio le ordenó emigrar con su creencia a la otra aldea cuya gente adora a Al-lah, Majestuoso y Excelso. Cuando hubo recorrido la mitad del camino, le sobrevino la muerte. Entonces, los ángeles de la misericordia y los ángeles del castigo litigaron al respecto de qué hacer con él. Los primeros dijeron: "¡Venía arrepentido y con el corazón lleno de arrepentimiento hacia Al-lah, Ensalzado sea!" Dijeron los segundos: "¡En verdad nunca hizo el bien!" Entonces Al-lah les envió un ángel para que impartiera justicia entre ellos. Les dijo: "Medid las dos distancias (la que ha recorrido y la que le queda por recorrer) y el punto del que más cerca estuviere al morir será su veredicto", esto es, si estuviera más cerca de la tierra de la incredulidad y la maldad, los ángeles del castigo arrebatarán su alma, y si estuviera más cerca de la tierra de la fe y el bien, los ángeles de la misericordia se alzarán con su alma. Midieron pues las dos distancias, y lo hallaron más cerca de la tierra que tenía por destino, esto es, de la tierra de la fe, por un palmo. Así que los ángeles de la misericordia tomaron su alma.
Narró de Abdull-lah Ibn Kaab Ibn Málik, quien guiaba a su padre Kaab cuando este último se volvió ciego: “Oí a Kaab Ibn Málik, Al-lah esté complacido con él, en su hadiz de cuando se quedó atrás y no acompañó al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en la batalla de Tabuk. Dijo Kaab: ‘No dejé de acompañar al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en ninguna de las campañas que hizo, excepto en la de Tabuk, aparte de haberme quedado atrás en la campaña de Badr por la que no se recriminó a nadie que no la hiciera. Y en la que salieron el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y los musulmanes al encuentro de la caravana de los Quraishitas, y Al-lah quiso que se enfrentaran al enemigo sin previo acuerdo. Sin embargo, estuve presente con el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en la noche de Aqaba, cuando le dimos nuestro bayá (promesa de lealtad). Y no me gustaría cambiar ese día por el de Badr, aunque para la gente sea este último más recordado. En cuanto a haberme quedado atrás en la campaña de Tabuk, puedo decir que nunca había estado tan fuerte y por Al-lah, que antes de ese día, nunca había preparado dos monturas como las que preparé para esa campaña. Era costumbre del Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, no mencionar la campaña que quería hacer, con excepción de la de Tabuk por su extremada dificultad. Esa campaña la preparó el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, para realizar un largo y penoso viaje, en el que habrían de soportar un fuerte calor. Se enfrentarían a un gran número de enemigos. Les dijo a todos cómo sería la campaña de dura para que hicieran los preparativos necesarios y se pertrecharan debidamente. Por otro lado, el momento era propicio para escabullirse al no haber registro de hombres en libro alguno. La campaña la realizó el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en el momento en que los frutos estaban en su punto y cuando la vegetación era más frondosa. Y esto me atraía en gran manera. Se preparó el Mensajero de Al-lah y los musulmanes también se prepararon con él. Yo me levanté temprano para prepararme con él, pero me volví sin hacer nada. Pues, me dije a mí mismo: ¡Puedo hacerlo en cualquier momento! Continué con este planteamiento mientras que todos los demás ya se habían levantado y preparado para la marcha. Así que partieron con rapidez y ya se habían adelantado hacia la campaña, cuando pensé montar y darles alcance. ¡Ojalá lo hubiera hecho! Después no me fue posible. Pues, pensé que si salía al encuentro de la gente, después de la salida del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, me entristecería el hecho de que no viera a otro en mi misma situación más que por hipocresía o incapacidad. No preguntó por mí el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, hasta que llegó a Tabuk. Y estando sentado con la gente preguntó: ‘¿Qué ha sido de Kaab Ibn Málik?’ Le contestó un hombre de Banu Sálama, diciéndole: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, le ha retenido su vanidad y engreimiento!’ Inmediatamente, replicó Muádh Ibn Yábal, Al-lah esté complacido con él: ‘¡Mala cosa, lo que has dicho! ¡Por Al-lah, oh Mensajero, que no conocemos de él nada que no sea bueno!’ Al oír esto, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se calló y no dijo nada. En ese momento apareció la mancha blanca de un caminante en la lejanía y dijo el Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz: ‘¡Abuljaizam!’ Y efectivamente era él, del cual se mofaron los hipócritas por dar como sádaqa un puñado de grano solamente. Continuó Kaab: Cuando me llegaron noticias de que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, había salido de Tabuk en caravana y se dirigía hacia aquí, me intranquilicé. Empecé a pensar en la mentira que le diría para escapar a su enojo. Hasta pedí ayuda a la gente de opinión, de entre mi familia, para encontrar un argumento válido. Cuando dijeron que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se encontraba cerca y su llegada era inminente, se desvaneció mi falsedad y supe que jamás tendría éxito alguno en ella. Así que, resolví decir la verdad. Llegó el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, a Medina y siempre que venía empezaba por la mezquita. Rezó dos rakas en ella para después sentarse con la gente. Una vez sentado en la mezquita se acercaron a presentar sus excusas y a jurar al Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, los que se quedaron atrás y estuvieron ausentes en la campaña. Fueron ochenta y tantos hombres y les aceptó las excusas aparentes, fiándose de ellos. Pidió el perdón para ellos y encomendó sus secretos a Al-lah. A continuación llegué yo y se sonrió con una sonrisa airada. Después dijo: ‘¡Ven!’ Me acerqué andando hasta sentarme frente a él y me preguntó: ‘¿Qué te ha impedido ausentarte. Es que no te habías comprado tu camello?’ Le dije: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah! Por Al-lah que si hubiera seguido a cualquier otro hombre de este mundo, me habría excusado con él. Sin embargo, no estoy dispuesto a mentir con argumentos falsos, sino a decirte la verdad aunque te enojes por ello. Y afrontaré las consecuencias que se deriven, deseando que Al-lah, Poderoso y Majestuoso, acepte mi arrepentimiento. ¡Por Al-lah, que no hay excusa para mí, de ninguna clase! ¡Por Al-lah, que nunca había estado tan fuerte y tan preparado como para esta campaña!’ Y dijo el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz: ‘¡De momento, esta es la verdad y ahora veremos qué dictamina Al-lah en tu caso!’ Después me siguieron unos hombres de Banu Sálama y me dijeron: ‘¡Por Al-lah, que no te habíamos visto falta alguna anterior a esta. Y has sido incapaz de excusarte ante el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, como lo han hecho los demás. Si lo hubieras hecho te bastaría que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, pidiera el perdón para ti!’ Por Al-lah, que no cesaron de hacerme reproches, hasta tal punto que pensé volver al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y desmentirle lo que le dije. Después les pregunté: ‘¿Hay alguien más como yo?’ Dijeron: ‘¡Sí, hay dos hombres más que dijeron lo mismo que tú y les ha dicho el Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, lo mismo que a ti!’ Pregunté: ‘¿Quiénes son?’ Dijeron: ‘Murara Ibn Rabía Al Amrí y Hilal Ibn Umeya Al Waqifí. ’ Dijo Kaab: ‘Me mencionaron dos hombres rectos y ejemplares que estuvieron presentes en la batalla de Badr. ’ Y el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, prohibió que nos hablaran sólo a los tres de entre todos los que se ausentaron de la campaña de Tabuk sin excusa aparente. La gente se alejó de nosotros y todos cambiaron hasta tal punto que cambió para mí la Tierra. Pues ya no era la misma que yo conocía. Permanecimos así cincuenta noches. En cuanto a mis dos compañeros, fueron a recluirse en sus casas humillados y llorando. Y en cuanto a mí, yo era el más joven de todos y el más fuerte. Salía para hacer la oración con los musulmanes y para dar vueltas por los mercados, pero nadie me hablaba. Solía ir a la reunión que tenía el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, después de la oración y lo saludaba. Y me preguntaba a mí mismo: ‘¿Habrá movido sus labios para devolverme el saludo o no?’ Después, rezaba cerca de él y le robaba la mirada. Cuando yo estaba en oración, me miraba. Y si me volvía hacia él, me esquivaba. Pasó el tiempo y los musulmanes me rehuían. Fui, pues, andando y salté el muro de la huerta de Abu Qatada; era hijo de mi tío y el más querido para mí de todos. Lo saludé y por Al-lah que no me devolvió el saludo. Después le dije: ‘¿Abu Qatada, te pregunto por Al-lah, tú ves que yo quiera a Al-lah y a su Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz?’ Se calló y le volví a preguntar lo mismo. Se calló de nuevo y volví a insistir en la misma pregunta. Finalmente contestó: ‘¡Al-lah y su Mensajero saben más!’ Mis ojos se cubrieron de lágrimas y me marché por donde había venido, volviendo a saltar el muro. Cierto día, caminaba yo por el zoco de Medina, cuando un campesino procedente de Sham, de los que vienen a vender alimentos, decía en voz alta: ‘¿Quién me indica dónde está Kaab Ibn Málik?’ La gente le empezó a señalar hacia mí hasta que me vio y me entregó una carta del rey de Gassán. Conocía yo la escritura y leí: ‘¡Ha llegado hasta nosotros que tu dueño te ha desdeñado. Te invitamos, pues, a que compartas con nosotros la casa en la que te honraremos y aliviaremos de ese modo tu aflicción!’ Cuando la leí, dije: ‘¡Esta es otra prueba más!’ Me dirigí después hacia el horno de pan, lo encendí y arrojé la carta para que se quemara. Habían pasado ya cuarenta de los cincuenta días, cuando aún no había descendido la revelación sobre el asunto. Después vino un hombre y dijo: ‘¡El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, te ordena que te apartes de tu mujer!’ Le pregunté: ‘¿La divorcio o qué hago?’ Dijo: ‘¡No, sólo que no tengas relaciones conyugales con ella!’ Envió a decir lo mismo a mis dos compañeros y yo le dije a mi mujer: ‘¡Ve con tu familia y estás con ella hasta que Al-lah dictamine en este asunto!’ Acudió la mujer de Hilal Ibn Umeya al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y le dijo: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, verdaderamente, Hilal Ibn Umeya es un pobre viejo que no tiene criado! ¿Desaprobarías que le sirviera y le atendiera?’ Dijo: ‘¡No, pero que no cohabite contigo!’ Dijo ella: ‘¡Por Al-lah, que no tiene ganas ni de moverse! ¡Y por Al-lah, que no ha dejado de llorar desde el comienzo de su asunto hasta hoy!’ Alguien de mi familia me aconsejó: ‘¿Si pidieras permiso al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, para tu mujer? Ya que ha dado permiso a la mujer de Hilal Ibn Umeya para que le sirva y le cuide. ’ Dije: ‘No le pediré permiso para eso al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, porque no estoy seguro de lo que diría, siendo yo un hombre joven. ’ Así que permanecí de este modo otras diez noches más, hasta que completamos las cincuenta noches que se prohibió que nos hablaran. Después hice la oración del alba, la mañana inmediata al cumplimiento de las cincuenta noches, encima de una de nuestras casas. Y mientras estaba sentado en el estado que Al-lah, el Altísimo, describió de nosotros, con mi corazón encogido y la Tierra que, en toda su vastedad, se me había estrechado, oí la voz de un sahaba que gritaba desde lo alto de un cerro y que decía con todas sus fuerzas: ‘¡¡Oh Kaab Ibn Málik, alégrate!!’ En ese momento caí al suelo postrado (en señal de agradecimiento) y supe que había llegado la apertura. A continuación, anunció el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, a la gente que Al-lah, Poderoso y Majestuoso, había aceptado nuestro arrepentimiento, después de rezar la oración del alba. Luego, empezó la gente a darnos la buena nueva y fueron a mis dos compañeros. Galopó hacia mí un hombre a caballo mientras que otro de la tribu de Aslama subió a lo alto del cerro. La voz fue más rápida que el caballo y cuando llegó a mí el hombre que oí dándome la buena nueva con su potente voz, le regalé mis prendas de vestir y se las puse por su alegre noticia. Por Al-lah, que aquel día no tenía más ropa que aquella y tuve que pedir prestada otra ropa para ponerme. Me dirigí después hacia el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y toda la gente se agolpaba para felicitarme y me decían: ‘¡Felicidad para ti porque Al-lah ha aceptado tu arrepentimiento!’ Luego entré en la mezquita y el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, estaba sentado con la gente a su alrededor. Se levantó Talha Ibn Ubaidillah, Al-lah esté complacido con él, y corrió a estrecharme la mano y felicitarme. Por Al-lah, que no se levantó ningún otro hombre de los emigrantes aparte de él sin que a partir de entonces olvidara el hecho de Talha. Cuando saludé al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, me dijo con su rostro radiante de felicidad: ‘¡Alégrate del mejor día que ha pasado por ti, desde que tu madre te dio a luz!’ Le pregunté: ‘¿Es procedente de ti, oh Mensajero de Al-lah o procede de Al-lah?’ Dijo: ‘¡No, más bien procede de Al-lah, Poderoso y Majestuoso!’ Cuando se alegraba el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se iluminaba su rostro de tal forma que parecía un trozo de luna. Y cuando me senté frente a él, le dije: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, por mi arrepentimiento quiero dar una sádaqa de mi dinero a Al-lah y a su Mensajero!’ Dijo el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz: ‘¡Será mejor para ti que conserves una parte de tu dinero!’ Le dije: ‘¡Todavía conservo mi parte del botín de la campaña de Jaibar!’ Y añadí: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, ciertamente, Al-lah me ha salvado con la verdad. Y de ahora en adelante siempre hablaré con la verdad!’ ¡Y por Al-lah que desde aquel día en que mencioné el hecho al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, no he visto a ningún musulmán al que Al-lah haya otorgado la gracia de hablar con la verdad de la manera que me la otorgó a mí! ¡Y por Al-lah, que desde aquel día no he pretendido mentir a propósito hasta hoy! ¡Deseo, pues, que Al-lah me proteja de la mentira en lo que me reste de tiempo! Dijo: ‘Y Al-lah, el Altísimo, hizo descender la aleya: Al-lah se volvió en favor del Profeta, de los emigrantes y de los auxiliares, aquellos que le siguieron en los momentos de dificultad, después de que los corazones de un grupo de ellos casi se desvían. Después Al-lah se volvió a ellos. Ciertamente, Él fue Clemente y Compasivo con ellos. Y con los tres que se quedaron atrás. La Tierra se les quedó estrecha y también sus propias almas. Y pensaron que ya no habría otro refugio ante Al-lah, excepto en Él mismo. Después Él aceptó su tawba cuando se volvieron a Él. Verdaderamente Él acepta la tawba y es Misericordioso. ¡Oh creyentes, temed a Al-lah y estad con los veraces!. ’ Dijo Kaab: ‘¡Por Al-lah, que Él no me ha agraciado tanto, después de haberme dirigido al Islam, como lo ha hecho otorgándome la veracidad hacia el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz! Y no ser mentiroso con él y perecer como perecieron los que mintieron, ya que Al-lah, el Altísimo, dijo a aquellos que mintieron, cuando hizo descender la revelación, lo peor que a uno se le puede decir: ¡Os jurarán por Al-lah cuando hayáis regresado, para que los dejéis! ¡Dejadlos, pues no son sino suciedad y tendrán el Infierno por morada como compensación a lo que hicieron! ¡Os jurarán para que estéis complacidos con ellos, pero aunque lo estuvierais vosotros, Al-lah no se complace con la gente depravada!’. ” Lo relataron Al Bujari y Muslim. Y en otro relato: “El Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, salió para la batalla de Tabuk en jueves, que era cuando le gustaba salir. ” Y en otro relato: “Y su regreso lo hacía por el día y a media mañana. Al llegar empezaba por rezar dos rakás en la mezquita y después se sentaba en ella. ”
Registrado por Al-Bujari y MuslimEste hadiz de Ka'b ibn Malik, Al-lah esté complacido con él, en la historia de su ausencia en la batalla de Tabuk, en el noveno año de emigración. Esta batalla fue durante días calorosos, cuando los frutos se madoraron, en este tiempo los hipócritas se convirtieron en amantes del mundo olvidando así de la vida del más Allá, por lo que los hipócritas se retiraron de esta batalla y recurrieron a la sombra, dátles y los demás frutos. En cuanto a los fieles, salieron con el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él, y no debilitaron su determinación por la larga distancia o por el amor hacia los frutos ya maduros. Sin embargo, Ka'b Ibn Malik, Al-lah este complacido con él, quien fue de los creyentes sinceros no estuvo presente en esta batalla y sin ninguna excusa, por esto él decía: No dejé de acompañar al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en ninguna de las campañas que hizo, excepto en la de Tabuk, aparte de haberme quedado atrás en la campaña de Badr por la que no se recriminó a nadie que no la hiciera, ya que salieron el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y los musulmanes al encuentro de la caravana de los Quraishitas, y Al-lah quiso que se enfrentaran al enemigo sin previo acuerdo. Luego mencionó que estuvo presente con el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, en la noche de Aqaba, cuando le dieron su bayá (promesa de lealtad). Y dijo: no me gustaría cambiar ese día por el de Badr, aunque para la gente sea este último más recordado. En cuanto a haberme quedado atrás en la campaña de Tabuk, puedo decir que nunca había estado tan fuerte y por Al-lah, que antes de ese día, nunca había preparado dos monturas como las que preparé para esa campaña. Era costumbre del Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, no mencionar la campaña que quería hacer, con excepción de la de Tabuk por su extremada dificultad. Esa campaña la preparó el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, para realizar un largo y penoso viaje, en el que habrían de soportar un fuerte calor. Se enfrentarían a un gran número de enemigos. Les dijo a todos cómo sería la campaña de dura para que hicieran los preparativos necesarios y se pertrecharan debidamente. Por otro lado, el momento era propicio para escabullirse al no haber registro de hombres en libro alguno. Los musulmanes salieron con el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y no se quedó atrás además de los hipócritas, más que tres hombres de los creyentes, a saber: Ka'b ibn Malik, Mararah ibn Ar-rabi' y Hilal ibn Umaiya, Al-lah esté complacido con ellos, pero fueron ausentes por un asunto decretado por Al-lah, exaltado sea, en cambio, los hipócritas lo han hecho con la intención de perjudicar a los musulmanes. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él, salió con sus compañeros, eran muchos, y bajaron en Tabuk, sin embarog al-lah no decretó que los dos ejercitos se enfretaran, así que permanecieron durante veinte días en ese lugar. y luego regresaron sin que hubo enfrentamiento. Dijo Ka'b Ibn Malik, Al-lah este complacido con él que se preparó el Mensajero de Al-lah y los musulmanes también se prepararon con él. Yo me levanté temprano para prepararme con él, pero me volví sin hacer nada. Pues, me dije a mí mismo: ¡Puedo hacerlo en cualquier momento! Continué con este planteamiento mientras que todos los demás ya se habían levantado y preparado para la marcha. Así que partieron con rapidez y ya se habían adelantado hacia la campaña, cuando pensé montar y darles alcance. ¡Ojalá lo hubiera hecho! Después no me fue posible. Pues, pensé que si salía al encuentro de la gente, después de la salida del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, me entristecería el hecho de que no viera a otro en mi misma situación más que por hipocresía o incapacidad. No preguntó por mí el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, hasta que llegó a Tabuk. Y estando sentado con la gente preguntó: ‘¿Qué ha sido de Ka'b Ibn Málik?’ Le contestó un hombre de Banu Sálama, diciéndole: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, le ha retenido su vanidad y engreimiento!’ Inmediatamente, replicó Muádh Ibn Yábal, Al-lah esté complacido con él: ‘¡Mala cosa, lo que has dicho! ¡Por Al-lah, oh Mensajero, que no conocemos de él nada que no sea bueno!’ Al oír esto, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se calló y no dijo nada. En ese momento apareció la mancha blanca de un caminante en la lejanía y dijo el Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz: ‘¡Abuljaizam!’ Y efectivamente era él, del cual se mofaron los hipócritas por dar como sádaqa un puñado de grano solamente. Continuó Kaab: Cuando me llegaron noticias de que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, había salido de Tabuk en caravana y se dirigía hacia aquí, me intranquilicé. Empecé a pensar en la mentira que le diría para escapar a su enojo. Hasta pedí ayuda a la gente de opinión, de entre mi familia, para encontrar un argumento válido. Cuando dijeron que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se encontraba cerca y su llegada era inminente, se desvaneció mi falsedad y supe que jamás tendría éxito alguno en ella. Así que, resolví decir la verdad. Llegó el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, a Medina y siempre que venía empezaba por la mezquita. Rezó dos rakas en ella para después sentarse con la gente. Una vez sentado en la mezquita se acercaron a presentar sus excusas y a jurar al Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, los que se quedaron atrás y estuvieron ausentes en la campaña. Fueron ochenta y tantos hombres y les aceptó las excusas aparentes, fiándose de ellos. Pidió el perdón para ellos y encomendó sus secretos a Al-lah. A continuación llegué yo y se sonrió con una sonrisa airada. Después dijo: ‘¡Ven!’ Me acerqué andando hasta sentarme frente a él y me preguntó: ‘¿Qué te ha impedido ausentarte. Es que no te habías comprado tu camello?’ Le dije: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah! Por Al-lah que si hubiera seguido a cualquier otro hombre de este mundo, me habría excusado con él. Sin embargo, no estoy dispuesto a mentir con argumentos falsos, sino a decirte la verdad aunque te enojes por ello. Y afrontaré las consecuencias que se deriven, deseando que Al-lah, Poderoso y Majestuoso, acepte mi arrepentimiento. ¡Por Al-lah, que no hay excusa para mí, de ninguna clase! ¡Por Al-lah, que nunca había estado tan fuerte y tan preparado como para esta campaña!’ Y dijo el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz: ‘¡De momento, esta es la verdad y ahora veremos qué dictamina Al-lah en tu caso!’ Después me siguieron unos hombres de Banu Sálama y me dijeron: ‘¡Por Al-lah, que no te habíamos visto falta alguna anterior a esta. Y has sido incapaz de excusarte ante el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, como lo han hecho los demás. Si lo hubieras hecho te bastaría que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, pidiera el perdón para ti!’ Por Al-lah, que no cesaron de hacerme reproches, hasta tal punto que pensé volver al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y desmentirle lo que le dije. Después les pregunté: ‘¿Hay alguien más como yo?’ Dijeron: ‘¡Sí, hay dos hombres más que dijeron lo mismo que tú y les ha dicho el Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, lo mismo que a ti!’ Pregunté: ‘¿Quiénes son?’ Dijeron: ‘Murara Ibn Rabía Al Amrí y Hilal Ibn Umeya Al Waqifí. ’ Dijo Kaab: ‘Me mencionaron dos hombres rectos y ejemplares que estuvieron presentes en la batalla de Badr. ’ Y el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, prohibió que nos hablaran sólo a los tres de entre todos los que se ausentaron de la campaña de Tabuk sin excusa aparente. La gente se alejó de nosotros y todos cambiaron hasta tal punto que cambió para mí la Tierra. Pues ya no era la misma que yo conocía. Permanecimos así cincuenta noches. En cuanto a mis dos compañeros, fueron a recluirse en sus casas humillados y llorando. Y en cuanto a mí, yo era el más joven de todos y el más fuerte. Salía para hacer la oración con los musulmanes y para dar vueltas por los mercados, pero nadie me hablaba. Solía ir a la reunión que tenía el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, después de la oración y lo saludaba. Y me preguntaba a mí mismo: ‘¿Habrá movido sus labios para devolverme el saludo o no?’ Después, rezaba cerca de él y le robaba la mirada. Cuando yo estaba en oración, me miraba. Y si me volvía hacia él, me esquivaba. Pasó el tiempo y los musulmanes me rehuían. Fui, pues, andando y salté el muro de la huerta de Abu Qatada; era hijo de mi tío y el más querido para mí de todos. Lo saludé y por Al-lah que no me devolvió el saludo. Después le dije: ‘¿Abu Qatada, te pregunto por Al-lah, tú ves que yo quiera a Al-lah y a su Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz?’ Se calló y le volví a preguntar lo mismo. Se calló de nuevo y volví a insistir en la misma pregunta. Finalmente contestó: ‘¡Al-lah y su Mensajero saben más!’ Mis ojos se cubrieron de lágrimas y me marché por donde había venido, volviendo a saltar el muro. Cierto día, caminaba yo por el zoco de Medina, cuando un campesino procedente de Sham, de los que vienen a vender alimentos, decía en voz alta: ‘¿Quién me indica dónde está Kaab Ibn Málik?’ La gente le empezó a señalar hacia mí hasta que me vio y me entregó una carta del rey de Gassán. Conocía yo la escritura y leí: ‘¡Ha llegado hasta nosotros que tu dueño te ha desdeñado. Te invitamos, pues, a que compartas con nosotros la casa en la que te honraremos y aliviaremos de ese modo tu aflicción!’ Cuando la leí, dije: ‘¡Esta es otra prueba más!’ Me dirigí después hacia el horno de pan, lo encendí y arrojé la carta para que se quemara. Habían pasado ya cuarenta de los cincuenta días, cuando aún no había descendido la revelación sobre el asunto. Después vino un hombre y dijo: ‘¡El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, te ordena que te apartes de tu mujer!’ Le pregunté: ‘¿La divorcio o qué hago?’ Dijo: ‘¡No, sólo que no tengas relaciones conyugales con ella!’ Envió a decir lo mismo a mis dos compañeros y yo le dije a mi mujer: ‘¡Ve con tu familia y estás con ella hasta que Al-lah dictamine en este asunto!’ Acudió la mujer de Hilal Ibn Umeya al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y le dijo: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, verdaderamente, Hilal Ibn Umeya es un pobre viejo que no tiene criado! ¿Desaprobarías que le sirviera y le atendiera?’ Dijo: ‘¡No, pero que no cohabite contigo!’ Dijo ella: ‘¡Por Al-lah, que no tiene ganas ni de moverse! ¡Y por Al-lah, que no ha dejado de llorar desde el comienzo de su asunto hasta hoy!’ Alguien de mi familia me aconsejó: ‘¿Si pidieras permiso al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, para tu mujer? Ya que ha dado permiso a la mujer de Hilal Ibn Umeya para que le sirva y le cuide. ’ Dije: ‘No le pediré permiso para eso al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, porque no estoy seguro de lo que diría, siendo yo un hombre joven. ’ Así que permanecí de este modo otras diez noches más, hasta que completamos las cincuenta noches que se prohibió que nos hablaran. Después hice la oración del alba, la mañana inmediata al cumplimiento de las cincuenta noches, encima de una de nuestras casas. Y mientras estaba sentado en el estado que Al-lah, el Altísimo, describió de nosotros, con mi corazón encogido y la Tierra que, en toda su vastedad, se me había estrechado, oí la voz de un sahaba que gritaba desde lo alto de un cerro y que decía con todas sus fuerzas: ‘¡¡Oh Kaab Ibn Málik, alégrate!!’ En ese momento caí al suelo postrado (en señal de agradecimiento) y supe que había llegado la apertura. A continuación, anunció el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, a la gente que Al-lah, Poderoso y Majestuoso, había aceptado nuestro arrepentimiento, después de rezar la oración del alba. Luego, empezó la gente a darnos la buena nueva y fueron a mis dos compañeros. Galopó hacia mí un hombre a caballo mientras que otro de la tribu de Aslama subió a lo alto del cerro. La voz fue más rápida que el caballo y cuando llegó a mí el hombre que oí dándome la buena nueva con su potente voz, le regalé mis prendas de vestir y se las puse por su alegre noticia. Por Al-lah, que aquel día no tenía más ropa que aquella y tuve que pedir prestada otra ropa para ponerme. Me dirigí después hacia el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y toda la gente se agolpaba para felicitarme y me decían: ‘¡Felicidad para ti porque Al-lah ha aceptado tu arrepentimiento!’ Luego entré en la mezquita y el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, estaba sentado con la gente a su alrededor. Se levantó Talha Ibn Ubaidillah, Al-lah esté complacido con él, y corrió a estrecharme la mano y felicitarme. Por Al-lah, que no se levantó ningún otro hombre de los emigrantes aparte de él sin que a partir de entonces olvidara el hecho de Talha. Cuando saludé al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, me dijo con su rostro radiante de felicidad: ‘¡Alégrate del mejor día que ha pasado por ti, desde que tu madre te dio a luz!’ Le pregunté: ‘¿Es procedente de ti, oh Mensajero de Al-lah o procede de Al-lah?’ Dijo: ‘¡No, más bien procede de Al-lah, Poderoso y Majestuoso!’ Cuando se alegraba el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se iluminaba su rostro de tal forma que parecía un trozo de luna. Y cuando me senté frente a él, le dije: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, por mi arrepentimiento quiero dar una sádaqa de mi dinero a Al-lah y a su Mensajero!’ Dijo el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz: ‘¡Será mejor para ti que conserves una parte de tu dinero!’ Le dije: ‘¡Todavía conservo mi parte del botín de la campaña de Jaibar!’ Y añadí: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah, ciertamente, Al-lah me ha salvado con la verdad. Y de ahora en adelante siempre hablaré con la verdad!’ ¡Y por Al-lah que desde aquel día en que mencioné el hecho al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, no he visto a ningún musulmán al que Al-lah haya otorgado la gracia de hablar con la verdad de la manera que me la otorgó a mí! ¡Y por Al-lah, que desde aquel día no he pretendido mentir a propósito hasta hoy! ¡Deseo, pues, que Al-lah me proteja de la mentira en lo que me reste de tiempo! Dijo: ‘Y Al-lah, el Altísimo, hizo descender la aleya: Al-lah se volvió en favor del Profeta, de los emigrantes y de los auxiliares, aquellos que le siguieron en los momentos de dificultad, después de que los corazones de un grupo de ellos casi se desvían. Después Al-lah se volvió a ellos. Ciertamente, Él fue Clemente y Compasivo con ellos. Y con los tres que se quedaron atrás. La Tierra se les quedó estrecha y también sus propias almas. Y pensaron que ya no habría otro refugio ante Al-lah, excepto en Él mismo. Después Él aceptó su tawba cuando se volvieron a Él. Verdaderamente Él acepta la tawba y es Misericordioso. ¡Oh creyentes, temed a Al-lah y estad con los veraces!. ’ Dijo Kaab: ‘¡Por Al-lah, que Él no me ha agraciado tanto, después de haberme dirigido al Islam, como lo ha hecho otorgándome la veracidad hacia el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz! Y no ser mentiroso con él y perecer como perecieron los que mintieron, ya que Al-lah, el Altísimo, dijo a aquellos que mintieron, cuando hizo descender la revelación, lo peor que a uno se le puede decir: ¡Os jurarán por Al-lah cuando hayáis regresado, para que los dejéis! ¡Dejadlos, pues no son sino suciedad y tendrán el Infierno por morada como compensación a lo que hicieron! ¡Os jurarán para que estéis complacidos con ellos, pero aunque lo estuvierais vosotros, Al-lah no se complace con la gente depravada!’. Y en otro relato: “El Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, salió para la batalla de Tabuk en jueves, que era cuando le gustaba salir. ” Y en otro relato: “Y su regreso lo hacía por el día y a media mañana. Al llegar empezaba por rezar dos rakás en la mezquita y después se sentaba en ella. ”
Narró Saad Ibn Abi Waqqás -Al-lah esté complacido con él-: “Vino a visitarme el Profeta -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- estando yo enfermo y dijo: ‘¡Oh Al-lah cura a Saad!’(Tres veces)."
Registrado por Al-Bujari y Muslim. La narración corresponde a MuslimHadiz transmitido por Saad Ibn Abi Waqqás, en el que dice que el Profeta -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- vino a visitarlo estando enfermo, y dijo: ‘¡Oh Allah cura a Saad!’ (tres veces)." Este hadiz indica que forma parte de la tradición profética la visita del musulmán enfermo, al tiempo que demuestra la buena conducta del Profeta -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y el trato que mantenía con sus compañeros, puesto que los visitaba cuando enfermaban y rogaba por ellos. El hadiz indica también la forma con la que se prefiere rogar por alguien: “Oh Al-lah cura fulano”, repitiéndolo tres veces. En esto podría estar el motivo de cura del enfermo.
Narró Al-Miqdád -Al-lah esté complacido con él,- “Estaba presente cuando un hombre empezó a elogiar a Uzmán -Al-lah esté complacido de él-. Al Miqdád se arrodilló y comenzó a arrojar tierra al rostro de aquel hombre. Le preguntó Uzmán: ‘¿Qué te pasa?’ Contestó: ‘Ciertamente, el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: ¡Cuando ven a los aduladores, arrojenles tierra a la cara!’”.
Registrado por MuslimAl-Miqdád -Al-lah esté complacido con él- narra que un hombre empezó a elogiar a Uzmán -Al-lah esté complacido de él-. Al Miqdád se arrodilló y comenzó a arrojar piedrecitas al rostro de aquel hombre. Uzmán le preguntó por qué lo había hecho, y Al-Miqdád le contestó que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- nos ha ordenado que, cuando veamos a los aduladores, arrojenles tierra a la cara.
De ‘Umar, que Al-lah esté complacido de él, dijo: ‘El Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, hizo un reparto y le dije: ‘¡Mensajero de Al-lah, aquellos a los que no les has dado tienen más derecho!’ Y dijo: “Elijo entre darles sin que les corresponda, o no darles y que me tachen de tacaño sin serlo”.
Registrado por MuslimEl Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, hizo un reparto de lo que le había llegado de riqueza entre unas personas, y dejó otras. Entonces ‘Umar, que Al-lah esté complacido de él, le dijo que a los que no les dio tienen más derechos que aquellos que sí recibieron ese reparto. Entonces, el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo que le habían insistido tanto en pedir, por debilidad de su fe, que les tuvo que dar, aunque no les corresponda, por temor a que le acusen de ser tacaño cuando no lo es, ya que su carácter no incluia la avaricia entre sus modales.
De Abû Rab’i Handhala Ibn Ar-Rabi’ Al- Usaidi Al-Katib, que Al-lah esté complacido de él, uno de los escribas del Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘Me encontré con Abû Baker, Al-lah esté complacido de él, y me preguntó: ‘¿Cómo estás, Handhala? Dije: ‘Me temo que sea un hipócrita’. Dijo: ‘¿Subhana Al-lah, qué dices?’ Y dije: ‘Cuando estamos con el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, nos habla y nos recuerda el Paraíso y el Infierno y es como si lo viéramos. Pero cuando terminamos y salimos nos dedicamos a nuestras mujeres, hijos y trabajo, de tal modo que olvidamos gran parte de ello’. Dijo Abû Baker, Al-lah esté complacido de él: ‘¡Por Al-lah que a mí me pasa lo mismo!’. Así que fuimos a ver al Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le dije: ‘¡Oh Mensajero Al-lah! Temo que sea un hipócrita’. Y le repitió lo mismo que a Abû Baker. Y dijo el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: “¡Por Aquel que me tiene de Su mano! Si permanecierais siempre conmigo como cuando estáis efectivamente y en el recuerdo de Al-lah, os estrecharían las manos los ángeles en vuestros lechos y en vuestros caminos. Sin embargo, Handhala, cada cosa tiene su tiempo y su medida”.
Registrado por MuslimHandhla informa a Abû Baker Al-Saddiq que se halla en otro estado de ánimo diferente a la que tiene cuando están todos juntos con el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, ya que junto él invocan a Al-lah; sin embargo, cuando están junto con sus hijos, sus mujeres y en otros menesteres mundanos, entran en otro estado de ánimo diferente al que viven con el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Es por ello que Handhala creyó que este tipo de comportamiento era una hipocresía, ya que con el Profeta se sentían de una forma diferente a cuando están con su familia. Al informar al Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, sobre este sentimiento, les contestó que si se mantuviesen en la misma situación emocional cuando están con él, entonces los ángeles les estrecharían las manos en sus lechos y en sus caminos. Por tanto, todo necesita una moderación, una hora para su Señor; una para su familia y sus menesteres mundanos.
Narró Abu Jubaib, Abdallah Ibn Azubair -Al-lah esté complacido con ambos-: Azubair se puso de pie el día de la Batalla del Camello (Basora, 36 H.), me llamó y me dijo: “Hijo mío, todo el que muera hoy lo hará como víctima o verdugo, y yo veo que moriré como víctima de una injusticia. No sé si después de saldar nuestras deudas, quedará algo de nuestros bienes”. Y siguió diciendo: “Hijo mío, vende todas nuestras pertenencias y salda mis deudas”. Luego dejó como voluntad que, de los bienes sobrantes, la tercera parte de un tercio se destine a sus hijos (los de Abdallah Ibn Azubair). Después dijo: “de los bienes sobrantes después de saldar mis deudas, reparte la tercera parte de entre tus hijos”. Dijo Hicham: algunos de los hijos de Abdallah tienen la misma edad que algunos hijos de Azubair. En estos momentos tenía nueve hijos y nueva hijas. Dijo Abdallah: empezó a insistirme en saldar sus deudas y decir: “hijo mío, si no pudieras pagar algo de mis deudas, implora a mi Señor ayuda.” Dijo Abdallah: no supe a quién se refería y por ello le pregunté: “Padre, quién es tu señor”. Él respondió: “Al-lah”. Abdallah recuerda al respecto: “Juro por Al-lah, que cada vez que he encontrado alguna dificultad para saldar su deuda, he implorado diciendo ‘Oh Señor de Azubair, te imploro salda su deuda’, y lo hizo.” Sigue diciendo: Azubair fue asesinado y no dejó como herencia ni un dinar o dírham, pero sí bien inmuebles: el bosque y once casas en Medina, dos casas en Basora, una casa en Kufa y otra en Egipto. Sin embargo, la única deuda que tenía era la que había contraído con un hombre que le traía dinero para que se lo guardase, pero Azubair le había dicho, que lo iba a tomar prestado, ya que temía que se le extraviara. Nunca desempeñó el cargo de Emir, ni se encargó nunca de la recaudación de impuestos o donaciones, nada que no fuera en el campo de batalla acompañando al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- con Abu Bakar, Omar y Uzmán, que Al-lah esté complacido con ellos. Sigue Abdallah diciendo: así que sumé sus deudas, que eran ¡dos millones y doscientos mil! Después Hakim Ibn Hizam se encontró con Abdallah y le preguntó: “¿cuánto es la deuda de mi hermano Azubair?”, pero se lo oculté y le respondí: cien mil. Hakim dijo al respecto: Por Al-lah que no veo que sus bienes puedan saldar semejante deuda. Le dijo Abdallah: pues qué piensas si te dijera que son: ¡dos millones y doscientos mil! Hakim respondió: “no creo que puedan hacerle frente. Si no puedan saldar una parte, pedidme ayuda.” Continúa Abdallah su relato: Azubair había comprado el bosque por ciento setenta mil y Abdallah lo vendió por un millón seiscientos mil. Dijo: quien tenga algún deuda contraída con Azubair que venga a vernos al bosque. Vino a verlo Abdallah Ibn Yaafar, a quien Azubair le debía cuatrocientos mil, y le dijo: si quieres se la puedo perdonar. Abdallah le insistió en que no. Así que le dijo: si quieran se la puedo retrasar, pero Abdallah volvió a insistirle en que no. Ibn Yaafar entonces le dijo a Abdallah: “¿por qué no me la pagan con una parte del bosque?”, y Abdallah le dijo: te pertenece pues de este punto a éste. De este modo, Abdallah vendió casi todo el terreno del bosque y saldó su deuda según se estipula, pero quedó una superficie de cuatro sahams y medio (800 metros aprox.). Fue a ver Muawiya y encontró con él Amru Ibn Uzman, Munder Ibn Azubair e Ibn Zaama. Le preguntó Muawiya: “¿en cuánto se estimó el precio del bosque?” Le respondió “cada saham (175m aprox.) por cien mil”. Le dijo: “¿y cuánto queda de ella?”. Le contestó: cuatro sahams y medio. Le dijo Munder Ibn Azubair: compraré un saham por cien mil. Dijo Amru Ibn Uzman: yo también compraré un saham por cien mil, y dijo Ibn Zaama yo también compraré un saham por cien mil. Le dijo Muawiya: “¿y cuánto queda ahora?”. “Un saham y medio”, le respondió. Le dijo Muawiya: “lo compro por ciento cincuenta mil”. Sigue diciendo: “Abdallah Ibn Yaafar vendió su porción a Muawiya por seiscientos mil. Cuando Ibn Azubair hubo terminado de saldar todas las deudas de su padre, le dijeron los hijos de Azubair: “reparte entre nosotros nuestra herencia”. Él les contestó: “juro por Al-lah que no repartiré nada entre ustedes hasta que no pasen cuatro años, en los que llamaremos a todo aquel que tenga alguna deuda con Azubair que venga para que la saldemos con él”. Cuando pasaron los cuatro años, repartió la herencia entre ellos y donó un tercio. Las esposas de Azubair eran cuatro. Cada mujer obtuvo un millón doscientos mil. El dinero de Azubair en total fue cincuenta millones doscientos mil.
Registrado por Al-BujariAzubair Ibn Awam le dijo a su hijo Abdallah el día de la Batalla del Camello (Basora, 36 H.), una batalla provocada con el fin de que se entreguen los asesinos de Uzman: “Hoy me veo como un mártir que morirá siendo víctima. Mi única preocupación son mis deudas, sáldalas por mí. A pesar de que sus deudas superaban sus posesiones, dejó como voluntad destinar un tercio a sus nietos (los hijos de Abdallah), ya que sabía que por ley no tenían una parte estipulada de la herencia, puesto que su hijo (el padre de ellos) sigue vivo. Así que les dejó un tercio de la tercera parte, algo que era suficiente para todos. La gente le entregaba su dinero para que se los guarde y él se negaba a tomarla como custodio ya que temía que se le extraviaran. Les decía: “no lo tendré en custodia sino que lo tomo préstamo. El era un hombre humilde y de fiar. Nunca ocupó el cargo e emir ni nada similar. Así que cuando murió y su hijo saldó todas sus deudas, y quedó una parte de su dinero, los herederos le pidieron que lo repartiera entre ellos, pero Abdallah se negó a hacerlo antes de pregonarlo entre los peregrinos del periodo del Hayy. Y solo cuando se haya asegurado de que no queda nadie a quien le daba dinero, repartirá lo que quede entre los herederos, y así lo hizo. De este modo, su hijo saldó todas sus deudas y le dio a sus cuatro viudas la parte que les corresponde de la herencia.
Narró Abu Za'laba Al-Jushani -Al-lah esté complacido de él, que el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él-dijo: Cuando la gente se asentaban después de un viaje, lo hacía de forma dispersa entre los valles y caminos. Entonces, el Profeta -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo: “Su dispersión en estos valles y caminos , no es más que obra de Satán”. A partir de entonces, la gente cuando se establecía y se asentaba, se agrupaba y se aproximaba.
Registrado por Abu-DawudCuando la gente se asentaba después de un viaje, se dispersaban entre los valles y ríos, entonces les dijo el Mensajero -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- que sus separaciones eran obra de Satán, porque así eran más débiles ante el enemigo. A partir de ahí, cuando se asentaban después de un viaje se aproximaban, de tal forma que se podían cubrirse por un misma manta.
Se transmitió de Abu Huraira, Allah esté complacido con él, que dijo el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le dé paz: “Retrasar una deuda, pudiendo pagarla, es una injusticia. El que tiene una deuda con otro y al mismo tiempo le deben a él, puede y debe aceptar el cambio de que quien le debe a él pague la deuda a ese otro.”
Registrado por Al-Bujari y MuslimEste noble hadiz nos ofrece una de las pautas del buen trato. El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, le ordena al deudor haya tomado una cantidad prestada devolverla de buena forma, así como guía al acreedor que haya prestado el dinero a que lo pida de buena forma. El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, deja claro que si el acreedor pide que se le devuelva la cantidad que prestó o lo insinúa sin llegar a pedirlo, es una injusticia el no devolvérselo si el deudor tiene posibilidades de pagarlo, ya que le está privando de su derecho sin justificación. Esta injusticia dejaría de existir si el deudor le ofrece al acreedor otra forma que le hace más viable el poder pagar su deuda, como por ejemplo pasar su deuda a otra persona que pueda garantizar el pago. El acreedor debe aceptar en ese caso, ya que podría suponer para él mejores garantías de que va a recibir su dinero, y que se cumplirá con el compromiso, además de que supone disipar la injusticia que le suponía el deudor que no iba a pagar su deuda.